Las aneuploidías cromosómicas son una de las principales causas genéticas de abortos espontáneos tempranos y fallos reproductivos, estrechamente relacionadas con la edad materna. Estas alteraciones comprometen la viabilidad embrionaria y explican gran parte de las pérdidas gestacionales del primer trimestre, por lo que su estudio es fundamental en la reproducción asistida y en el uso del PGT-A para optimizar la selección embrionaria.
¿Qué es la aneuploidía? Definición, causas y tipos (trisomía y monosomía)
La aneuploidía es una alteración genética que consiste en un número incorrecto de cromosomas en una célula. El número normal de cromosomas en las células humanas es 46, lo que se conoce como un estado euploide. Cuando este número varía —es decir, cuando existe un cromosoma adicional o falta uno— se produce una aneuploidía. Estas variaciones se clasifican como trisomía (un cromosoma extra) o monosomía (ausencia de un cromosoma).
La causa más frecuente de aneuploidía es la no disyunción durante la formación de gametos, un error en la división celular que provoca que el óvulo o el espermatozoide contengan más o menos cromosomas de lo normal. Tras la fecundación, este error afecta a todas las células del embrión.
En contraste, la no disyunción mitótica ocurre después de la fecundación, durante las divisiones celulares somáticas. Este tipo de error genera embriones mosaicos, en los que algunas células presentan un número normal de cromosomas y otras muestran aneuploidía.
¿Tiene alguna relación los abortos tempranos con las aneuploidías?
Sí. Existe una relación muy estrecha entre los abortos tempranos y las aneuploidías embrionarias. La evidencia científica muestra que entre el 40 % y el 60 % de las pérdidas gestacionales tempranas se deben a alteraciones cromosómicas, principalmente producidas por fallas en la segregación durante la meiosis.
Las aneuploidías, al generar embriones con un número incorrecto de cromosomas —ya sea por exceso (trisomía) o por ausencia (monosomía)— comprometen gravemente la viabilidad embrionaria. Por ello, la mayoría de estos embriones no logran implantarse o se pierden durante las primeras semanas de gestación.
Además de las causas genéticas, existen otros factores no cromosómicos que pueden contribuir a los abortos tempranos, como alteraciones uterinas, causas inmunológicas, endocrinas, infecciosas o trombofílicas; sin embargo, las anomalías cromosómicas siguen siendo la causa más frecuente en esta etapa.
¿Qué tipo de aneuploidías son las más frecuentes en los abortos espontáneos?
Las aneuploidías fetales son una de las causas más frecuentes de aborto espontáneo, y diversos estudios han descrito qué tipos de alteraciones cromosómicas aparecen con mayor prevalencia en estas pérdidas gestacionales. La literatura especializada indica que las trisomías representan aproximadamente el 86 % de todas las aneuploidías detectadas en abortos espontáneos, mientras que las monosomías corresponden al 14 % restante. Dentro de las trisomías, la trisomía 16 es la más común, seguida por la trisomía 22, todas ellas consideradas incompatibles con el desarrollo embrionario, por lo que suelen conducir a la interrupción temprana del embarazo.
En el caso de las monosomías, la alteración más frecuente es la monosomía del cromosoma sexual X (45,X), que aparece en cerca del 6 % de los casos de aborto espontáneo. Sin embargo, solo una proporción muy pequeña, aproximadamente 0.3 %, logra llegar al nacimiento. Por otro lado, la triploidía constituye otra anomalía significativa, con una frecuencia cercana al 7 % en muestras analizadas de abortos espontáneos. Existen también otros tipos de aneuploidías menos comunes, como tetrasomías, aneuploidías sexuales específicas y anomalías cromosómicas complejas, que completan la estadística pero con una prevalencia mucho menor.
Estos hallazgos son congruentes con investigaciones de gran escala, las cuales demuestran la relación entre la edad materna, el riesgo de aneuploidía y la frecuencia de trisomías y otras alteraciones cromosómicas. Esta evidencia refuerza la importancia del análisis citogenético y del consejo reproductivo en casos de pérdida gestacional recurrente o embarazo de riesgo.
Figura 1. Distribución de anormalidades en productos de concepción. Trisomia 16 y monosomia X fueron los casos mayores en trisomia y monosomia respectivamente. Curiosamente, no se reportaron anomalías que involucran al cromosoma 5, lo que indicaría que éstas son muy perjudiciales para el embrión los primeros días de desarrollo.
Fuente: Cytogenetic Analysis of the Products of Conception After Spontaneous Abortion in the First Trimester
¿Cuáles son las aneuploidías más frecuentes que llegan a término y qué las hace compatibles con la vida?
Las aneuploidías son alteraciones en el número de cromosomas que comprometen el desarrollo embrionario. En la mayoría de casos, estas anomalías generan un bloqueo del metabolismo celular y detienen el desarrollo, lo que se traduce en fallos de implantación o pérdidas gestacionales tempranas.
Sin embargo, existe un grupo reducido de aneuploidías que pueden llegar a término porque el organismo logra mantener funciones celulares mínimas compatibles con la vida, aunque el desarrollo fetal presenta un patrón alterado que se manifiesta como un síndrome genético.
Las aneuploidías compatibles con la vida más frecuentes son:
- Trisomía 21 (Síndrome de Down)
- Trisomía 18 (Síndrome de Edwards)
- Trisomía 13 (Síndrome de Patau)
- Aneuploidías de los cromosomas sexuales, como:
- Trisomía X (47,XXX)
- Monosomía X (Síndrome de Turner)
Estas condiciones representan los pocos casos en los que el organismo puede compensar parcialmente la alteración cromosómica. Por ello, son de gran relevancia en el diagnóstico genético y estudio prenatal, ya que la mayoría de otras aneuploidías no llegan a desarrollarse o se pierden en etapas muy tempranas del embarazo.
¿Con qué frecuencia se presentan la trisomía 21, 18 y 13 en los nacimientos a nivel poblacional?
La frecuencia poblacional de estas aneuploidías varía según el tipo de estudio, el tamaño de la muestra y las características de la población evaluada. Según la revisión realizada por Cuckle y Morris (2020), el Síndrome de Down (trisomía 21) es la aneuploidía viable más frecuente en recién nacidos, seguido del Síndrome de Edwards (trisomía 18) y del Síndrome de Patau (trisomía 13).
Esta tendencia es consistente en múltiples estudios, donde se observa que la edad materna es un factor determinante en la prevalencia de estas anomalías cromosómicas, mostrando un incremento del riesgo a medida que aumenta la edad de la madre.
Figura 2. Estimación de prevalencia de nacimientos en Síndrome de Down, Edwards y Patau en edades maternas específicas (/1000 y relativo a Síndrome de Down). Fuente: Maternal age in the epidemiology of common autosomal trisomies.
¿Cómo se relaciona la edad materna con la aparición de estas aneuploidías?
La edad materna es el principal factor asociado al aumento del riesgo de aneuploidías cromosómicas. Como se mencionó anteriormente, múltiples estudios coinciden en que a medida que la edad de la madre aumenta, también lo hace la probabilidad de que se produzcan errores en la meiosis que desencadenen trisomías y otras anomalías cromosómicas.
En un estudio realizado en población canadiense por Frederiksen et al. (2023), se observó un incremento significativo en la prevalencia total de las trisomías 21, 18 y 13, así como de otras aneuploidías como triploidía y monosomía X. A partir de los 37 años, la frecuencia conjunta de estas anomalías supera el 1%, alcanzando aproximadamente un 7% a los 45 años.
El análisis de regresión logística del mismo estudio mostró que, tomando como referencia el grupo de mujeres de 20 a 29 años, el riesgo relativo aumenta de la siguiente manera:
- 30 a 34 años: riesgo menor a 2 veces el valor basal.
- 35 a 39 años: riesgo aproximadamente 4 veces mayor.
- 40 a 44 años: riesgo 16 veces mayor.
- ≥ 45 años: riesgo hasta 36 veces mayor.
Esto confirma que el incremento del riesgo es exponencial y que la edad materna avanzada es el factor predictivo más fuerte en la aparición de aneuploidías autosómicas y de los cromosomas sexuales.
Figura 3. Probabilidades de aneuploidías en embarazo únicos por edad materna. Fuente: Maternal age and the risk of fetal aneuploidy: A nationwide cohort study of more than 500 000 singleton pregnancies in Denmark from 2008 to 2017.
¿Hay alguna diferencia en las aneuploidías de los abortos en ciclo natural versus técnicas de reproducción asistida?
En un estudio realizado por Kudryavtseva (2024), donde se comparó la frecuencia de aneuploidías en abortos del primer trimestre provenientes de embarazos naturales y embarazos obtenidos mediante técnicas de reproducción asistida (TRA), no se encontraron diferencias significativas en la prevalencia total de aneuploidías.
Tampoco se observaron diferencias relevantes cuando se analizaron las aneuploidías específicas por cromosoma, lo que indica que el origen de la concepción (natural o asistida) no modifica el riesgo cromosómico intrínseco, el cual está principalmente asociado a la edad materna.
Sin embargo, el estudio sí reportó una ligera diferencia en la frecuencia de embriones triploides. Esto se explica porque:
- En las técnicas de reproducción asistida —especialmente ICSI— se reduce notablemente la posibilidad de fecundación dispermo o anormal, lo cual disminuye la aparición de triploidías.
- En los embarazos naturales, la triploidía puede presentarse con mayor frecuencia debido a mecanismos de fecundación no controlados
En conjunto, los hallazgos sugieren que las aneuploidías que generan abortos tempranos tienen un origen independiente del tipo de concepción, salvo en el caso de la triploidía, donde las TRA —particularmente ICSI— ofrecen una reducción del riesgo.
¿Cómo se detectan estas aneuploidías cuando se realiza una FIV?
En un ciclo de FIV, los embriones pueden cultivarse hasta el día 5 a 7, etapa en la cual se consideran embriones preimplantacionales. Aunque estos embriones hayan llegado a blastocisto, no existe garantía de que estén libres de aneuploidías, por lo que se requiere una técnica específica para evaluarlos antes de su transferencia.
La herramienta utilizada es el PGT-A (Test Genético Preimplantacional para Aneuploidías).
Este procedimiento consiste en:
- Biopsiar el trofoectodermo del blastocisto (el tejido que dará origen a la placenta).
- Extraer el ADN de esas células.
- Analizar el material genético mediante plataformas como NGS (secuenciación de nueva generación) para determinar el número de cromosomas del embrión.
Con esta información, el laboratorio puede distinguir embriones euploides (viables) de aquellos con aneuploidías antes de la transferencia. El informe emitido detalla si el embrión presenta un número cromosómico normal o si existe ganancia o pérdida de un cromosoma o fragmento cromosómico.
Es importante mencionar que el PGT-A por NGS tiene limitaciones:
- No detecta reordenamientos cromosómicos balanceados,
- No identifica mono- o poliploidías completas,
- Ni detecta mutaciones puntuales de un gen específico (para eso se usa PGT-M).
En cuanto a la prevalencia, se estima que aproximadamente el 50% de los embriones preimplantacionales presentan alguna aneuploidía. Esta cifra varía según la edad materna, pudiendo ser de hasta 70% en mujeres jóvenes (donde predominan los mosaicos) y reduciéndose a porcentajes más bajos en mujeres mayores de 40 años, donde muchas aneuploidías impiden que los embriones lleguen a blastocisto.
¿Qué impacto tiene el PGT-A sobre la tasa de embarazo clínico?
El PGT-A permite identificar y descartar embriones aneuploides antes de la transferencia, por lo que se considera una herramienta útil para optimizar la selección embrionaria y, en teoría, acortar el tiempo para lograr un embarazo.
Sin embargo, el beneficio real del PGT-A depende en gran medida de la edad materna.
En un metanálisis realizado por Simopoulou et al. (2021), se evaluó el impacto del PGT-A tanto en la tasa de embarazo clínico por ciclo iniciado como por transferencia embrionaria. Los resultados mostraron que:
- No se observó un incremento significativo en la tasa de embarazo clínico cuando el análisis se hizo por ciclo.
- Sí se encontró un aumento significativo en las odds de embarazo clínico por transferencia únicamente en mujeres mayores de 35 años.
Esto indica que el beneficio del PGT-A es más evidente cuando se evalúa la calidad del embrión transferido, y que las pacientes con edad materna avanzada son quienes más probablemente se favorecen del uso de esta técnica.
Figura 4. (A)Forest plot con respecto a la tasa de embarazo clínico por resultado de transferencia embrionaria, comparando el PGT-a a la evaluación morfológica (control), en la población general. (B) Forest plot con respecto a la tasa de nacido vivo por resultado de transferencia embrionaria, comparando el PGT-a a la evaluación morfológica (control), en mujeres de diferentes grupos de edad. Fuente: PGT-A: who and when? A systematic review and network meta-analysis of randomized controlled trials.
¿Qué impacto tiene el PGT-A sobre la tasa de aborto?
En el mismo estudio mencionado previamente, se evaluó el efecto del PGT-A sobre la tasa de aborto en relación con los embarazos clínicos. Los resultados mostraron una reducción significativa de la tasa de pérdida gestacional en los casos en los que se utilizó esta técnica.
A diferencia de lo observado para la tasa de embarazo clínico, este efecto beneficioso del PGT-A no mostró diferencias relevantes según la edad materna, lo que indica que la disminución del riesgo de aborto puede presentarse en mujeres de cualquier grupo etario.
Este hallazgo se explica porque el PGT-A permite evitar la transferencia de embriones aneuploides, que constituyen la principal causa genética de aborto espontáneo en el primer trimestre, contribuyendo así a embarazos más evolutivos y clínicamente estables.
Figura 5. (A)Forest plot con respecto a la tasa de aborto por embarazo clínico, comparando el PGT-a a la evaluación morfológica (control), en la población general. (B) Forest plot con respecto a la tasa de aborto por embarazo clínico, comparando el PGT-a a la evaluación morfológica (control), en mujeres de diferentes grupos de edad. Fuente: PGT-A: who and when? A systematic review and network meta-analysis of randomized controlled trials.
¿Qué impacto tiene el PGT-A sobre la tasa de nacido vivo?
La tasa de nacido vivo es el indicador más relevante para evaluar los resultados de las técnicas de reproducción asistida, ya que refleja de manera directa el éxito final del tratamiento. Por este motivo, numerosos estudios se centran en este parámetro para obtener conclusiones clínicas sólidas.
En el metanálisis previamente citado de Simopoulou et al., se analizó el impacto del PGT-A sobre la tasa de nacido vivo. Los autores reportaron que, en términos generales, existe una tendencia a favor del uso del PGT-A como herramienta de selección embrionaria. Sin embargo, esta diferencia solo alcanza significancia estadística en mujeres mayores de 35 años.
Estos resultados sugieren que el beneficio clínico del PGT-A sobre la tasa de nacido vivo es dependiente de la edad materna, siendo más evidente en pacientes de edad materna avanzada, donde la proporción de embriones aneuploides es mayor.
Figura 6. (A)Forest plot con respecto a la tasa de aborto por embarazo clínico, comparando el PGT-a a la evaluación morfológica (control), en la población general. (B) Forest plot con respecto a la tasa de aborto por embarazo clínico, comparando el PGT-a a la evaluación morfológica (control), en mujeres de diferentes grupos de edad. Fuente: PGT-A: who and when? A systematic review and network meta-analysis of randomized controlled trials.
¿Qué conclusiones se pueden obtener de este tema?
El estudio genético de los embriones, en particular el PGT-A, constituye una herramienta de gran relevancia en las técnicas de reproducción asistida, ya que tiene un impacto directo sobre los principales resultados clínicos del tratamiento.
La evidencia revisada indica que la población que obtiene mayor beneficio del uso de estas pruebas corresponde a las mujeres mayores de 35 años, en quienes se observa un incremento en la tasa de embarazo clínico y en la tasa de nacido vivo, así como una reducción significativa de la tasa de aborto, al evitar la transferencia de embriones aneuploides.
No obstante, es importante considerar que existen aneuploidías compatibles con la vida que pueden presentarse a cualquier edad materna, aunque con una menor probabilidad en mujeres jóvenes. Aun cuando el riesgo global de estas aneuploidías se estima alrededor del 1%, el clínico puede recomendar el estudio genético embrionario con el objetivo de reducir aún más la probabilidad de que el recién nacido presente un síndrome cromosómico.
En conjunto, estos hallazgos refuerzan el valor del PGT-A como una herramienta de selección embrionaria, cuyo uso debe ser individualizado según la edad materna, la historia reproductiva y los objetivos clínicos de cada pareja.
BIBLIOGRAFÍA
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