Cuando se habla de fecundación in vitro es frecuente encontrar dos términos que pueden confundirse: FIV convencional e ICSI. Ambos forman parte de los tratamientos de reproducción asistida, pero se diferencian principalmente en la forma en que el espermatozoide y el ovocito entran en contacto en el laboratorio.
En la FIV convencional, los ovocitos se colocan junto con una determinada cantidad de espermatozoides y la fecundación ocurre mediante la interacción entre ambos. En la ICSI, en cambio, el embriólogo selecciona un espermatozoide y lo introduce directamente dentro del ovocito mediante una micropipeta.
Esta técnica permitió tratar situaciones en las que la fecundación era difícil debido principalmente a determinados factores masculinos. Sin embargo, con el tiempo su utilización se ha extendido a muchas otras circunstancias. Esto plantea una pregunta importante: ¿utilizar ICSI siempre ofrece una ventaja frente a la FIV convencional?
La evidencia actual indica que no necesariamente.
¿Qué es la ICSI?
ICSI corresponde a las siglas en inglés de Intracytoplasmic Sperm Injection, que en español significa inyección intracitoplasmática de espermatozoides.
Es una técnica de micromanipulación utilizada dentro de un tratamiento de fecundación in vitro. Su característica principal consiste en introducir un espermatozoide directamente en el citoplasma de un ovocito maduro.
Por tanto, ICSI no es un tratamiento completamente diferente de la FIV. Es una forma específica de realizar la inseminación de los ovocitos durante un ciclo de FIV.
La técnica fue introducida a comienzos de la década de 1990 y permitió superar algunas dificultades de fecundación asociadas especialmente a alteraciones importantes de los parámetros seminales.
¿Cuál es la diferencia entre FIV convencional e ICSI?
La diferencia fundamental ocurre en el laboratorio.
En una FIV convencional, los espermatozoides preparados se colocan junto a los ovocitos. Para que ocurra la fecundación, un espermatozoide debe interactuar con las estructuras que rodean al ovocito y finalmente fusionarse con él.
En ICSI, parte de ese proceso se evita mediante la micromanipulación: un espermatozoide seleccionado se introduce directamente en el citoplasma del ovocito.
Esto convierte a ICSI en una herramienta especialmente valiosa cuando existen barreras que podrían dificultar la fecundación convencional.
Sin embargo, introducir el espermatozoide dentro del ovocito no significa que la fecundación esté garantizada. Después de la microinyección todavía deben producirse diferentes procesos celulares para que exista una fecundación normal y pueda comenzar el desarrollo embrionario.
¿Cómo se realiza una ICSI paso a paso?
ICSI se realiza en un laboratorio de reproducción asistida utilizando un microscopio equipado con sistemas de micromanipulación. Las recomendaciones actuales de ESHRE incluyen requisitos específicos de equipamiento, procedimientos, trazabilidad y control de calidad para los procedimientos realizados en laboratorios de FIV.
1. Obtención y preparación de los ovocitos
Después de la estimulación ovárica y la aspiración folicular se recuperan los complejos que contienen los ovocitos.
Para realizar ICSI es necesario retirar las células que rodean al ovocito mediante un procedimiento denominado denudación. Esto permite observar directamente su estado de maduración.
No todos los ovocitos recuperados necesariamente están maduros.
Generalmente, la microinyección se realiza en los ovocitos que han alcanzado el estadio de metafase II (MII), que corresponde al estadio de maduración adecuado para realizar ICSI.
2. Preparación de la muestra seminal
La muestra de semen se procesa en el laboratorio con el objetivo de disponer de espermatozoides adecuados para el procedimiento.
El método de preparación puede variar según las características de la muestra y la situación clínica.
En determinados casos de factor masculino grave, los espermatozoides también pueden proceder de una recuperación quirúrgica en lugar de una muestra seminal eyaculada.
3. Selección del espermatozoide
El embriólogo examina los espermatozoides disponibles bajo el microscopio y selecciona uno para realizar la microinyección.
Esta selección considera principalmente características observables, como su movilidad y morfología.
Aquí es importante establecer un límite: observar un espermatozoide al microscopio no permite conocer toda su información genética ni garantizar que sea biológicamente “el mejor”.
La selección microscópica permite elegir entre los espermatozoides disponibles según determinados criterios observables.
4. Microinyección del ovocito
El ovocito se mantiene cuidadosamente en posición mediante una micropipeta.
Desde el lado opuesto, una pipeta de inyección extremadamente fina que contiene el espermatozoide atraviesa la zona pelúcida y la membrana del ovocito hasta alcanzar el citoplasma.
El espermatozoide se deposita en el interior y posteriormente se retira la micropipeta.
Este procedimiento se repite individualmente para cada ovocito maduro que vaya a ser sometido a ICSI.
5. Evaluación de la fecundación
Después de la microinyección, los ovocitos vuelven a mantenerse en condiciones controladas de cultivo.
Al día siguiente se evalúan los signos de fecundación.
Uno de los hallazgos clásicos de una fecundación considerada normal es la presencia de dos pronúcleos (2PN) en el cigoto.
Que un espermatozoide haya sido introducido dentro del ovocito no significa que necesariamente aparecerán estos signos. ICSI facilita el encuentro entre ambos gametos, pero los procesos biológicos posteriores continúan dependiendo del ovocito y del espermatozoide.
6. Cultivo embrionario
Cuando la fecundación ocurre, comienza el desarrollo embrionario.
El cigoto inicia sucesivas divisiones celulares y puede continuar desarrollándose durante los días siguientes hasta alcanzar diferentes estadios, entre ellos mórula y blastocisto.
A partir de este momento, el desarrollo sigue esencialmente el mismo proceso independientemente de que la fecundación haya ocurrido mediante FIV convencional o ICSI.
¿Cuándo puede utilizarse ICSI?
La indicación de ICSI depende de la situación clínica y de los antecedentes del tratamiento.
Factor masculino
Esta es una de sus aplicaciones fundamentales.
ICSI puede utilizarse cuando existen alteraciones seminales importantes que podrían dificultar la fecundación mediante FIV convencional, por ejemplo en determinadas situaciones con un número muy reducido de espermatozoides disponibles o alteraciones importantes de su movilidad.
También ha permitido realizar tratamientos cuando los espermatozoides deben recuperarse mediante procedimientos quirúrgicos.
La indicación concreta no debería establecerse únicamente a partir de un número aislado del espermatograma, sino considerando el conjunto de la evaluación clínica y de laboratorio.
Antecedentes de fecundación baja o ausente
Otra situación relevante aparece cuando previamente se ha obtenido una fecundación menor de la esperada o una ausencia de fecundación después de una FIV convencional.
La evidencia respalda que ICSI puede mejorar la fecundación en determinados pacientes con este antecedente.
Ovocitos previamente vitrificados
ICSI también se utiliza habitualmente después de la desvitrificación de ovocitos.
La actualización de ASRM considera que pacientes con ovocitos previamente criopreservados constituyen una de las situaciones seleccionadas en las que ICSI puede aportar beneficio incluso en ausencia de un factor masculino.
Otras situaciones seleccionadas
Existen otras circunstancias en las que puede plantearse ICSI dependiendo del procedimiento realizado.
Por ejemplo, determinadas modalidades de pruebas genéticas preimplantacionales para enfermedades monogénicas (PGT-M) pueden requerir consideraciones específicas para reducir posibles fuentes de contaminación de ADN.
Sin embargo, esto no significa que cualquier estudio genético embrionario requiera necesariamente ICSI. En particular, ASRM no recomienda utilizar ICSI únicamente porque vaya a realizarse PGT-A cuando no existe otra indicación.
¿Cuándo ICSI no necesariamente aporta un beneficio?
Esta pregunta es tan importante como conocer sus indicaciones.
ICSI se utiliza ampliamente en reproducción asistida, incluso en algunos ciclos donde no existe un factor masculino identificado. Sin embargo, utilizar una técnica más intervencionista no significa automáticamente obtener mejores resultados.
La actualización de ASRM de 2026 concluye que, en ausencia de factor masculino, la utilización rutinaria de ICSI no está recomendada únicamente por:
- infertilidad inexplicada;
- baja cantidad de ovocitos obtenidos;
- reserva ovárica disminuida;
- edad materna avanzada;
- realización de PGT-A.
En estas situaciones, la evidencia disponible no demuestra que utilizar ICSI de forma rutinaria aumente la probabilidad de nacido vivo frente a la FIV convencional.
Esto no significa que ICSI nunca pueda utilizarse en una persona que presente alguna de estas características. Puede existir simultáneamente otra indicación que justifique su empleo.
La diferencia está en que esas características por sí solas no demuestran un beneficio del uso rutinario de ICSI.
¿ICSI aumenta las posibilidades de embarazo?
No necesariamente.
ICSI actúa principalmente sobre una etapa muy concreta del tratamiento: la fecundación.
Cuando existe una barrera importante para que el espermatozoide fecunde al ovocito mediante FIV convencional, superar esa barrera puede ser fundamental.
Pero una vez conseguida la fecundación todavía deben ocurrir muchas otras etapas: desarrollo embrionario, formación del blastocisto, implantación y evolución del embarazo.
Por eso una mejora en la tasa de fecundación no debe interpretarse automáticamente como un aumento equivalente de la probabilidad de embarazo o de nacido vivo.
Esta diferencia entre un resultado de laboratorio y el resultado clínico final es especialmente importante al comparar ICSI con FIV convencional. ASRM destaca precisamente que las mejoras en resultados intermedios, como la fecundación, no necesariamente se traducen en una mayor tasa de nacido vivo.
¿Todos los ovocitos pueden someterse a ICSI?
No.
Para realizar la microinyección es necesario conocer el estado de maduración del ovocito después de retirar las células que lo rodean.
ICSI se realiza habitualmente sobre ovocitos maduros en metafase II.
Por este motivo, el número de ovocitos recuperados durante una aspiración folicular puede ser diferente del número que finalmente puede someterse a ICSI.
Esta distinción ayuda también a interpretar correctamente los resultados de un ciclo: ovocitos recuperados, ovocitos maduros y ovocitos fecundados son cifras diferentes.
¿ICSI puede dañar el ovocito?
ICSI implica una manipulación física directa del ovocito.
La introducción de una micropipeta atraviesa sus estructuras externas y su membrana, por lo que existe la posibilidad de que algún ovocito no sobreviva al procedimiento.
En laboratorios experimentados, la mayoría de los ovocitos maduros sobreviven a la microinyección, pero el riesgo no es cero.
Por eso tampoco sería correcto describir ICSI como una intervención completamente inocua.
¿Qué ocurre después de la ICSI?
Una vez realizada la microinyección, el siguiente paso es comprobar si ocurrió la fecundación.
Si se forma un cigoto con características compatibles con una fecundación normal, comienza el desarrollo embrionario: primeras divisiones, compactación, mórula y eventualmente blastocisto.
Desde ese momento ya no hablamos fundamentalmente de ICSI, sino de desarrollo embrionario.
Y aquí aparece una idea importante: ICSI puede ayudar a superar determinadas dificultades para conseguir la fecundación, pero no controla lo que sucederá durante todos los días posteriores del desarrollo.
PREGUNTAS FRECUENTES
No exactamente. ICSI se realiza dentro de un tratamiento de FIV. La diferencia está en cómo se intenta conseguir la fecundación: en FIV convencional, ovocitos y espermatozoides se cultivan juntos; en ICSI, un espermatozoide se introduce directamente dentro de un ovocito maduro.
No. ICSI introduce el espermatozoide dentro del ovocito, pero después deben ocurrir otros procesos celulares para que exista una fecundación normal.
No. La selección convencional para ICSI se basa en características que pueden evaluarse en el laboratorio, pero observar un espermatozoide al microscopio no permite conocer completamente su información genética.
Una vez producida la fecundación, el embrión atraviesa las mismas etapas generales de desarrollo preimplantacional: cigoto, divisiones celulares, mórula y blastocisto.
En resumen
La ICSI es una técnica de micromanipulación que permite introducir un espermatozoide directamente dentro de un ovocito maduro. Su desarrollo transformó el tratamiento de determinadas formas de infertilidad masculina y de situaciones en las que existe un riesgo importante de fecundación baja o ausente.
Sin embargo, ICSI actúa sobre una etapa concreta: facilitar el proceso de fecundación. No garantiza la fecundación, el desarrollo hasta blastocisto, la implantación ni el embarazo.
La evidencia actual tampoco respalda asumir que ICSI es automáticamente superior a la FIV convencional para todas las personas. Cuando no existe factor masculino ni otra indicación específica, utilizarla de forma rutinaria no ha demostrado mejorar la probabilidad de nacido vivo.
Por eso, la pregunta adecuada no es simplemente si ICSI es una tecnología más avanzada, sino si existe una razón para utilizarla en un tratamiento determinado.
Referencias principales
- American Society for Reproductive Medicine. Intracytoplasmic sperm injection for nonmale factor indications: a committee opinion. 2026.
- ESHRE. Revised guidelines for good practice in IVF laboratories. 2026.
- World Health Organization. Guideline for the prevention, diagnosis and treatment of infertility. 2025.


